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Mi yo renovado en Coatzacoalcos oxidandose aquí en unos cuantos días...
(parafraseando a Pizarnik)
Te miro en las fotos
ya no tienes ese aire de autosuficiencia.

Cuestión de compromiso

Me dedicaré a mí y luego a ti. Porque a menudo se queda más vacío quien no se entrega a nada o a nadie. Vacío por no adherirse. Estoy cansada de que para poder entregarme yo, tenga que esperar de la gente algo que quizá no puede o no quiere dar: compromiso, cierta estabilidad, tiempo, lealtad, amor. Quiero algo libre, total, respetuoso. Si la gente no puede darlo, seguiré buscando, voy a dedicarme a mí, a lo que quiero, y luego a ti, a crear esa adhesión.

Kilómetros

Kilómetros de carretera, horas para pensar, para llorar a gusto por lo que no puedo cambiar, para definir lo que debo hacer y modificar eso que no quiero y que no me gusta... Por eso y más amo los viajes, porque te ayudan a encontrarte, a replantear rutas, a despejar el camino, ordenar ideas y contestar interrogantes (de regreso, cansada pero contenta).
¿Y qué se hace con un árbol que da volteretas?
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Mi corazón en un jardín donde los árboles vuelan.
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En su corazón se cultivan arbolitos voladores para consumo personal.
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Ya sé cómo se arraiga un árbol que camina: amándolo, amándolo mucho (asumiendo también las consecuencias).
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Y si usted decide cultivar un árbol que camina, disfrútelo, después volará.
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Un árbol que camina no puede colgarse a sí mismo. Pero teniéndolo cerca, sirve para que se cuelgue usted.
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No se arrime usted a un árbol que camina. No da sombra.

-La culpa no es toda de los árboles que caminan, el problema es, quizá, la tierra infertil donde intentan plantarlos...
Y en este minuto de la noche conjuro a los hastiados, a los tristes, a los abandonados, a los que están solos, enloquecidos, con palabras en la boca abotagada, sin piel entre las manos, con la vista en la distancia. Aquí unánse, los que por elección han decidido pertenecer a la congregación del minuto.
Y aquí conjuro a los plenos, a los cansados, a los rotos, a los sin alma, a esos que no entienden y se preguntan y después arrojan. Y aquí quédense los rebosantes, los llenos de ganas pero sin ganas, los repletos del todo que les harta.
Y uno vive como si fuera a hacerlo siempre.
Y uno se cree de repente que esto que vive es importante.
Y uno, animal racional, crea lazos.
¿Para qué si va a irse?
No me gusta el canje
de tu presencia por un olor a flores
de tu luz por la luz de una vela.
No me gusta el trueque,
no me basta.
Una vez ocurrido lo peor es mezquino quejarse de otra cosa.
Hoy encontré unas notas de mi papá, en ellas, la siguiente frase:

"Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando".

Gracias, pa, me hacía falta.

Chignahuapan hace rato

Juntos siempre.
Estábamos.
Viajes.
Todos. Juntos.
Hoy en el paisaje,
el el aire, en las nubes amarillas,
en la noche.
Juntos siempre.
Estamos.

Hombros cobrizos*/Tzuyuki Romero

Imagen

Juego*/Tzuyuki Romero

Un viernes para morirse encontré a Martincito en el chat. Me encantó que fuera argentino y estuviera a punto de mudarse a México por la joda en su país. Veintiún años, sólo cinco menos que yo. En ese momento creí que sería apetitoso. Le pregunté por su aspecto con la idea de que los argentinos son muy atractivos. Respondió: moreno, ojos cafés, cabello negro, 1.71, delgado. Nada del otro mundo, pero si era caliente, qué importaba. “Soy un comelón. Te lamería todita”, escribió una vez y yo entonces me toqué la entrepierna pensando en su lengua complaciente, en la verguita palpitante. Si por el chatme ponía tan cachonda, ¿cómo sería teniéndolo junto a mí?
Juan apareció en la casa a las nueve. Le preparé cualquier cosa y vimos un rato la televisión. Me dio un beso y subió a acostarse. Yo tuve que meterme dos dedos en el baño pensando en Martín. Alguna ocasión, en uno de sus mails calentones, Martín escribió: “Hoy pensé en ti y el cabezón se puso tre-men-do”. Mi imaginación volaba. ¿De verdad…
Y uno anda por ahí, tarareando los días de la semana, amando uno, quizá, prefiriéndolo, sin saber que en un tiempo, en ese día, se marchará.

Resuello (para Lalo) /Lunes, 7 de mayo de 2012

Sé bien, lo he visto, no tienes límites, ni llanto sin razón. Insistes, a lo largo del camino perseveras.
Yo soy la que llora, la que a veces duda.
He sido testigo, tu experimento por treinta años
y tiempo atrás lo has demostrado:
Veniste aquí para luchar. Me enseñas.
No quiero que te canses, que te agobies.
A tu voz no la acalla más que tu propia fuerza....
Alma migrante.
Se va.
No porque quiera.
Sino porque no puede estar.Tzuyuki
Nunca fui gris, gracias, ese tono no estuvo en mi vida.
He rayado tantas veces la felicidad. Tanto que mi cuaderno está casi lleno.
Mucho que celebrar y tristezas agrandadas. Digo, por algo uno escribe.
Hoy que conozco la verdadera pena veo, de todos modos, 
que hay tanto que agradecer. Lo que tuve, gocé, miré, oí, sentí.
Mañanitas cada año acompañadas de guitarra.
Todos juntos, los cuatro, sonrisas amplias. El respaldo, las palabras, esa fe entregada.
Nunca fui gris, gracias. Sigo mi camino, todos juntos, las tres. Y el apoyo, halo de luz, caminando conmigo, a mis espaldas.

Negro

No puedo seguir pensando
en lo mismo
un viaje sin antídoto.
No puede seguir girando,
la rueca en cabeza martillada,
taladrada, no puedo.
¿Yo qué tengo que hacer con eso?
Nada, ni siquiera un lamento, el reproche.
¿Yo qué tengo que alegar?
Me queda mirar alrededor,
de la vida vivir,
no puedo pensar en gris, en negro:
pulmonar, edema, orgánica, falla.
No es posible dar vueltas
tantas veces en un mismo camino.
Tengo esto que veo, tuve todo,
no hay más, no había.
Muchos granos de arena han caído:
la dificultad para dormir, lágrimas que no se cansan
y las mujeres que creían saber porqué lloraba.
El pesado despertar y el deseo
de salir corriendo.
La bruma acumulada del ¿cómo estás?
Y mi imposibilidad de contestar.
Mientras, los granos
siguen cayendo en mi cabeza
esperan que los asimile y les saque provecho.

Escribo/Tzuyuki Romero

Lo que pasa y lo que no,
que ves y lo que no se deja. 
Y el momento es, este, el momento.
No hay más, espontáneo, relumbra.
Inútiles ganas de rasparse la herida,
fijarse en lo que no hay,
preguntar sin respuesta,
¿dónde están aquellos que me hacían el día?
Estaban, ya no más.
¿Los dejaste ir?
Qué importa.
¿Solos huyeron?
¿Qué más da?
Este es otro momento.
¿Que te exige espera?
Puede ser. ¿Que te pide calma?
Ni yo lo sé.
Lo que sabes, hasta yo,
es que en tu playa no hay paciencia.
Si te inquiere silencio. Dalo.
Si te pide lágrimas. Llora.
Si tienes que pelear,
hasta donde tu fuerza alcance.
No te preguntes ahora
¿dónde están los que me hacían el día?
No mientas.
Tienen otros nombres, pero están cerca.
No los nota tu ceguera.
La vida va, es mar, da tumbos, regresa.

14/II/97

Yo no escribo/Tzuyuki Romero

No escribo poemas ni cuentos,
no vivo, respiro, me mido, no siento.
Quisiera volcarme, torcerme, saciarme, fluir, llevar,
arrastrar pero cuesta, falta esencia, sustancia, materia.
Me fui. Permanezco, acodada 
en la ventana. Coraza así no permite. Cristal, frágil, cómodo, infranqueable.
No vivo, qué envidia: las lenguas, las pieles, las sales, piernas, violencia, el momento.
No vivo, me guardo bajo la sombrilla, todo este tiempo
sin lluvia.
Expectante. Cansada.
No encuentro, no busco, espero, no muevo.
Así, ¿qué podría? si escribir es el acto de lamer, zigzageante, probar, desgarrarse, al menos en la cabeza
de uno.

Lloro/Tzuyuki Romero

Escucho música de cuerdas y lloro.
Papá deseó tocar la guitarra, cuestión de práctica,
arpegios y mañanitas.
Cambiar de instrumento antes que rendirse:
juntos surcamos pentagramas y flauta dulce.
Sigue siempre, cantaba.
Hoy no quiere oír música y se niega a salir.
Las lecciones siguen por dentro. No deja el sonido, la armonía.
Guitarra y vida son difíciles, los dedos se lastiman, se necesita tiempo.
No dejes de tocar, le digo, callada.
Él practica. Desespera.
Oigo Greensleeves y lloro.

Pintura/Tzuyuki Romero

Era traslucida
tomándola por el cabello, en la noche, 
la teñías de rosado.
Usaba faldas cortas y sandalias.
En la mano se había pintado un niño.
Fuiste sol en su cuerpo, la bronceabas, 
viento sujeto a su melena amarilla,
terremoto duplicado en el cuarto.
Había colores llenando la sala.
Ojos, manos, hombros. Gritos, luego.
Ventarrón.
El naufragio te arrojó a la calle
a vagar por una playa sin arena.
Y te quedaste manco
y te dejó sin pie
con cuadros de pequeño formato,
sonrisa de paja, un niño corriendo,
pegados a los ojos.

CAJA/Tzuyuki Romero

Tengo agazapados nudos en la espalda,
Metida en una caja oigo el rebotar de una lluvia cruel sobre el cristal.
Él no llama.

Le grito, no te duermas, muévete.
Arrúllame al menos con música, no importa si la robaste.
La asfixia me estrella contra paredes de cartón.
Él no se mueve.

Un día volverá para asomarse por una rendija
y le diré que ya no hace falta.
Necesito de alguien que esté vivo,
que no me guarde en un laberinto.

"En estos últimos años no he podido beber con soltura."
-La escritora en entrevista-

"A los treinta te vuelves voluptuosa, pero mientras eso pasa, tienes menos tiempo, te desvelas más, tienes más colitis, tensión, miomatosis, menor resistencia a la cafeína, a la azúcar, a las grasas, al alcohol..."

V. Romero, en entrevista.

Del 3 de junio:

Somos bolas de billar, algo nos golpea y nos apartamos.
-Tzuyuki Romero-
Siempre hay hombres...
siempre hay mujeres.
Amantes nunca faltan.
Amados, sí.
“Las personas, simplemente, aman o no aman. Los que aman, lo harán siempre a todas horas, intensa y apasionadamente. Los que no aman, jamás se elevarán ni un centímetro del suelo. Hombres y mujeres grises, sin sangre”.

-Chavela Vargas-
Tú casa era un refugio.
Y me salí.

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Mal si te amo y si no, también.

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Mi corazón está muerto.
Tac, tac, golpea.
No lo oigo.

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Te eché de menos la otra tarde, la otra noche, la otra mañana.

Tríada

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Te invoco cada madrugada mientras ocultas tu desdén debajo de una sábana. Siglos de silencio nos separan. A pesar de que duermes con la boca un poco abierta, no escapan palabras de ti. Soy el que clama, el que ruega. Antes eras avalancha de fuego, cauce de jadeos, aves matutinas; hoy eres un bosque en donde no se oyen mis pasos. Nuestros amaneceres se repiten, señora, pero son mudos. Y nosotros, amantes cubiertos de hielo. Un amasijo de plabras no dichas se han acomodado en mi espalda. Tú eres la mujer que duerme, la que calla, la que no espera nada. Ni a mí, ni a mis palabras. Recuerdo el día en que tu perfil, imposiblemente, pues estamos fijos en esta geografía, me pareció más lejano. Me tendiste los brazos, tenías otro nombre. La tentación se clavó en mi cuerpo. Me envolviste. Siguiéndote, mujer nueva, me perdí entre los pliegues de tu vestido celeste. Me llamabas, te movías serpentina, caí en tus picos y hondonadas. Eras otra, la que espera paciente, la que no teme hablar, la que…

Egoísta

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No habrá más nube que me haga sombra.
No eres tú la roca en que me paro.
Soy yo.
No es de tus brazos donde obtengo abrigo
es de los míos. Y aquí me quedo.
Emanan las risas, nos come el día,
tú no estás, la luna se deja ver,
hay que ganarle al tiempo.
Detrás de la fría noche no están tus ojos de duda.
Este es mi lugar.
Y aunque estire la mano para seguirte buscando
es aquí donde resuenan mis palabras,
es en esta noche donde permanezco.

Rapto

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Cerrando coladeras a mi paso,
a discreción, confío.
En zapatos del color del siga,
camino entaconada sobre menta.
Plataformas dulces, refrescantes,
flores de gamuza y espiguillas
frente a risas huecas.
Terreno mezquino, ignorado,
ahí te regodeas.
Yo voy en ascenso, llego.
Pumps pumps ponedores.

ATFR

Episodio hipomaniaco. Ventana.

Imagen
Redundantes en canciones, inmóviles
detrás de lluvia cíclica, pensamos: nada nos une.
En el desamparo, buscando,
que no buscamos, concluimos.
La condena es el choque de gotas que atacan las ventanas
como dedos, deshilan soledades,
nos miramos a través de sus barrotes.
Enganchados a la distancia coincidimos, no hay desborde.
Miramos, cómodos, no explotamos.
Empapados en sonidos, negación al grito.
Nada en común, coincido.
Cariño limitado, no basta.
E inmóviles nos condenamos
al choque de lluvia repetida en dos cristales
arañazos en las mismas melodías.

Tenemos la ventana (v2)

Tenemos la ventana y yo no puedo hacer más que preguntarte cómo estás y si ya comiste. La tarde rojiza se estrella contra nuestros ojos y yo no sé qué hacer más que espantar a la muerte. Nadie está preparado, me dices, y pienso que tienes razón, yo mucho menos. Tu padre se fue sin saber que tenía cáncer, pensó que se trataba de su ya conocida diabetes. Nadie está preparado, todos creemos que sólo es un achaque, un malestar y que regresaremos. Nadie está preparado, papá, yo mucho menos, así que no te puedes fugar por la ventana, usémosla para distraerte, papá, para que vuele la soledad. Vamos a mirarla juntos y contar iglesias. Adivina cuál es la que se ve allá al fondo, papá. El cielo es rosado ahora, hace frío, dices, la noche es muy helada en el sexto piso. Y yo no sé qué hacer papá, sólo espantar malos pensamientos.

Oda sobre la Melancolía, de John Keats

I


No, no, no: no vayas al Leteo, ni quebrantes
Acónito, raíz tiesa, por su vino tóxico;
Ni pruebe tu frente incolora a ser besada
Por belladona, uva rubí de Proserpina;
Tampoco hagas tu rosario de moras infectas,
Ni dejes que la polilla, ni el escarabajo
Sean tu Psique gemebunda, ni el búho tenue
Un compañero en los secretos de tu congoja;
De sombra en sombra quedarás harto aletargado,
Y se sumergirá la angustia insomne del alma.


II


Pero si cayera recia la melancolía
Súbita del cielo como nube lacrimosa,
Que cultiva toda flor de cabeza rendida,
Y cubre la loma verde en mortaja de abril,
Vuelca tu desdicha en una rosa tempranera,
O sobre el arcoiris de la ola salada,
O en la bienandanza de las peonias rotundas;
O si tu dueña muestra cierta ira mayor,
Apresa su mano blanda, y deja que delire,
Y nútrete a fondo ante sus ojos sin igual.


III


Ella mora con Belleza —que habrá de morir—;
Con Júbilo, cuya mano siempre está en sus labios
Diciendo adiós; y cerca el doloroso Placer,
Se hace venen…

Lamentación de Dido/Rosario Castellanos

Guardiana de las tumbas; botín para mi hermano, el de la corva garra de gavilán;
nave de airosas velas, nave graciosa, sacrificada al rayo de las tempestades;
mujer que asienta por primera vez la planta del pie en tierras desoladas
y es más tarde nodriza de naciones, nodriza que amamanta con leche de sabiduría y de consejo;
mujer siempre, y hasta el fin, que con el mismo pie de la sagrada peregrinación
sube —arrastrando la oscura cauda de su memoria—
hasta la pira alzada del suicidio.

Tal es el relato de mis hechos. Dido mi nombre. Destinos como el mío se han pronunciado desde la antigüedad con palabras hermosas y nobilísimas.
Mi cifra se grabó en la corteza del árbol enorme de las tradiciones.Y cada primavera, cuando el árbol retoña,es mi espíritu, no el viento sin historia, es mi espíritu el que estremece y el que hace cantar su follaje.

Y para renacer, año con año, escojo entre los apóstrofes que me coronan, para que resplandezca con un resplandor único, éste, que me da cie…

Sonetos a Orfeo/Rainer Maria Rilke

III

Para un dios sí es posible. Pero explícame ¿cómo
lo va a seguir un hombre con la menguada lira?
Su sentido es discorde. En el cruce de dos
sendas del corazón no se alza un templo a Apolo.

El canto como tú lo enseñas no es anhelo,
no es petición de algo aún no conseguido;
el canto es existencia. Es fácil para el dios.
¿Pero cuándo existimos nosotros? ¿Cuándo vira

él hacia nuestro ser los astros y la tierra?
El que tú ames, muchacho, no es idéntico, aunque
la voz te esté forzando a abrir la boca. Aprende

a olvidar que has cantado. Eso es algo que fluye.
Cantar es en verdad un aliento distinto.
Un hálito por nada. Soplo en el dios. Un viento.

Declaración

He de confesarte, amigo, que aún lo extraño. Aunque él diría que solamente recuerdo nuestros malos ratos, imposible decirle ahora, por obvias razones, que los hechos buenos me los guardo para llorar a solas porque son los que me hacen querer estar a su lado. Me regodeo en todos los eventos en los que ya no está, es sólo eso. Tengo que decírtelo, ser totalmente sincera, porque físicamente estoy contigo aunque mi pensamiento es todavía de él.
Déjame tomarte la mano, no quiero que me sueltes. Te necesito aquí, conmigo, eres mi presente. Él se ha vuelto bruma, espejismo, nube que flota en mi cabeza porque aunque se empeñe, algo en mí se niega a instaurarlo en el pasado.
Aún recuerdo su pierna sobre las mías y su brazo envolvente cuando dormíamos. Todavía siento su espalda contra mi espalda al amanecer. Tengo muy vívidas las caminatas nocturnas y los besos últimos como los primeros. Su cabeza agachada para alcanzarme y sus labios seguros. Me tenía confianza, amigo, no sé después qué pasó…
Un incubo para hacer realidad la fantasía, para tocar la belleza, fuerte, hasta el hartazgo.
Me quedo en el principio de las historias porque mis historias no tienen final, aún no está escrito.

No despiertes

Te gusta dormir, igual que a mí. Todas las tardes, antes de comer y después de la oficina vienes a tirar tu desasosiego, ese descontento añejo e inexplicable, a nuestra cama. Entonces entro y disfruto verte dormir porque así eres mío, sin ataduras del pasado ni temores nuevos. Dormido, tan vulnerable, puedo acariciar tus cejas, recorrer con la yema de mi dedo tu nariz, imaginar debajo de tus párpados esos ojos de venado asustado y verlos apacibles, entrando en mí como yo navego en ti.
En tu descanso no hay escudos ni dudas, eres mío aunque, en ese instante, también le perteneces a tus sueños. No importa, cínica, al menos un poco, recorro tus rizos lo más que me deja el gel para el cabello que usas a diario. Y ya entrada en ánimos, toco tu estómago porque en brazos del sueño no reaccionas con un brinco ante mis manos.
Me gusta verte dormir porque pareces un niño y puedo cuidarte.Cuando me acuesto junto a ti y sientes mi presencia, aún dormido extiendes tu brazo y lo pones …

Laguna

Sentados en la arena comprimida del reloj preguntas por qué lloro.
La brújula, tan fácil, apuntaría al sureste.
La vida resuelta en un instante alejado del entorno.
Pero estamos condenados, te dije, condenados,
asentiste y aún preguntas por qué lloro.
Soy la mujer lejana que tu abrazo acerca.
Abrazo húmedo, manglar, selva, lágrimas que llueven laguna arriba.
Preguntas por qué lloro y me hablas de una brújula inútil,
de un espejo, en la noche, quebrado; como una frase dicha a un sordo,
leña húmeda en invierno.
Pero la arena se acaba, se agolpa.
Nos condena la distancia, una brújula inservible, un espejo roto.
Nos queda una luna diluida y lágrimas que ascienden.



Viaje

La laguna es de sus criaturas. El mar, de nadie

Sueño #3 de 3

Tú al frente de una flotilla de motociclistas.
Sonrisa enorme, viento en la cara.

Sueño #1

Reunión en tu casa.
Llego con una amiga.
Tú con los invitados.
Entro a la estancia

Y me ignoras.

DESDE EL PRIMER MOMENTO

Verdaderamente una sabe cuándo está embarazada. Había escuchado a mujeres que han sido madres decir que lo habían sabido desde el primer momento, aún antes de notar el retraso, sentir nauseas o hacerse la prueba. Es algo que se intuye, que se siente. A mí me pasó a fines de octubre.
Veníamos por una pendiente, el paisaje estaba muy verde debido a que había estado lloviendo por esos días, habíamos ido a recoger unas muestras para su proyecto sobre especies endémicas, yo iba sentada detrás de él y lo abrazaba por la cintura apoyando mi cara en su espalda.
Entonces lo supe. Una sensación de calor brotó de mi vientre, si hubiera sido luz entonces brotaban rayos que se verían a treinta, cuarenta metros de distancia. Iba abrazada a su cintura y su cuerpo me protegía del  viento, él conducía con seguridad por la carretera, de vez en cuando manejaba sólo con una mano y con la otra acariciaba las mías. Yo ya no sentía frío. A pesar de que de subida él había dicho que quería vi…

Sueño #2

Entré por la puerta trasera, la del jardín. Dentro estaban los otros. En el piso de lo que era tu casa había cuadros, fotografías, otras estaban colgadas. Vi que al fondo había unos instrumentos musicales, una banda iba a tocar o ya lo había hecho. Atrás había una barra con un gran refrigerador por donde asomaban cervezas y vino. Pregunté si te habías ido a Europa y los Otros contestaron que no, que andabas allá, al frente de la casa, por el camino empedrado. Sentí un golpe en la espalda y un hueco en el estómago. Salí despacio del lugar, con pies de gato. No quise que me vieras...

FOTOS

Pienso en tus hombros y me da algo.
Pienso en tus hombros mordidos por mi y siento algo.
Pienso en tu piel oscura y en tus hombros
y luego, despacio, me aglutino en los músculos de tus brazos.
Pienso en tus manos y siento algo.
Dos masas suaves, de color oscuro, y tus dedos con uñas de concha.
Pienso en tus manos y me da algo.
Las recuerdo posadas sobre tu sexo eterno, imborrable.
Pienso en tus manos y lloro
no tengo fotos, no queda nada.

Foto

Dices
"va a llover"
y un amasijo de nubes
cubre el encuadre.
"El árbol está solo"
y las hojas gritan mudas,
se revuelven, no dejan el tronco.
Dices
"es el adiós"
y el viento mueve la alfalfa
antes de disparar.

Oración

Imagen
Que tu madre rece por mí, de caminar zigzagueante sobre brasas, cuerpo-remolino confundido con las patas de elefantes decapitados. Que tu madre rece no por ti ni por los tuyos, que pida por mí, la mujer sin nombre, rostro de ojos vacuos. Que no dude y se apiade, que te deje a ti de lado. Que no arroje sus palabras en tu muralla, ni en tus ojos huidizos, pecho ahuecado. Pídele rezar por mí, te encontré.

Pequeña

Te vi caminar con Constanza de la mano y pensé que no puede pasarte nada porque tienes que estar con ella.
Te miré llevarla en brazos y pensé que no puedes irte ahora porque te necesita.
¿Qué sería de esa niña sin ti, papá?, me pregunté.
Luego me di cuenta que esa niña soy yo.

Impotencia

El entumencimiento inicia en el pecho y se extiende, tibio, hacia los brazos, las manos, el estómago. Me falta el aire.

Sin sustancia

Imagen
Yo no pienso con claridad
me estorban las flores,
las mariposas, un colibrí.
Mi mente está llena de libros apilados,
leídos, guardados en la recámara
de mi cabeza habitan cuadros, fotos,
dibujos, tus manos, tus ojos
y no pienso bien.
Me pierdo entre muñecas
amontonadas, mi pensamiento
vaga entre paredes lilas,
relojes que no dejan de avanzar
y afeites que quieren detener su marcha.
No pienso con claridad, mi imaginación
deambula sobre tus brazos pálidos
y luego regresa a posarse
en una página.
Va de tus ojos a corazones de hojalata
para ir a doblarse finalmente contra tu boca.
Yo no pienso con claridad,
mis ideasdan vueltas en una habitación desordenada
y si trato de formarlas, de darles cauce
se amontonan en textos de los que olvido
cuál era la sustancia.
.