Laguna

Sentados en la arena comprimida del reloj preguntas por qué lloro.
La brújula, tan fácil, apuntaría al sureste.
La vida resuelta en un instante alejado del entorno.
Pero estamos condenados, te dije, condenados,
asentiste y aún preguntas por qué lloro.
Soy la mujer lejana que tu abrazo acerca.
Abrazo húmedo, manglar, selva, lágrimas que llueven laguna arriba.
Preguntas por qué lloro y me hablas de una brújula inútil,
de un espejo, en la noche, quebrado; como una frase dicha a un sordo,
leña húmeda en invierno.
Pero la arena se acaba, se agolpa.
Nos condena la distancia, una brújula inservible, un espejo roto.
Nos queda una luna diluida y lágrimas que ascienden.



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