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Mostrando las entradas de febrero, 2014

No es personal

Le dije: No te vayas, ¿quién masajeará mi cerebro hoy?
Contestó: No es personal. Recuerda que soy un árbol que vuela.

Certeza

Sé que me quería porque se sentaba junto a mí para ver el mar
porque ante mi hambre, preparaba un sandwinch, 
ante mi dolor, un té de jengibre.
Sé que me quería porque sus más sucias fantasías las pensaba conmigo y me las escribía, 
también las cartas más cursis.
Sé que me quería porque viajábamos juntos, 
porque venía la mañana de navidad a darme un abrazo, porque me hacía el amor momentos antes de inaugurar una exposición o en el azul de un lago.
Sé que me quería porque si amanecíamos juntos, traía café y galletas a la cama y hubo un tiempo 
en que me llamaba todos los días a las seis de la mañana para ser mi despertador e iba por mí a la escuela y en vez de silbar, maullaba.
Me quería, porque una noche vino llorando y confesó que me extrañaba.
Me quería, con certeza me quería, porque besaba mi cuello mientras me leía sus poemas favoritos y después escuchaba mis cuentos.
Recuerdo, me quería, lo que no recuerdo es por qué dejó de hacerlo.

Nociones de urbanidad

Disculpa si no sé buenas maneras, si te veo con insistencia
es que me gustan tus ojos y el tesoro entre tus piernas,
tu voz de agua que brota, que corre, que bulle,
y tu pensamiento que danza, que gira, vuela. 
Perdona si no soy de formalidades, mi atención está en regalarte 
una nube, un guiso, un gesto. Te escucho con la vista, recreo 
tus redondeces y delineo tus silencios. 
Disculpa si soy el haz de luz que atraviesa tus ojos, 
si me vuelvo los bordes de tus labios a cada palabra que dices, 
si lamo tus frases en mi mente y a veces no respondo, 
mi contemplación no sabe de permisos, sí de perdones.
Mi adoración no sabe de etiqueta.