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Mostrando las entradas de abril, 2005
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Selección de Zoé
pulque para dos, Babasónicos:

Himno

"Lo malo es mentir palabras de amor, acéptalo no estamos para eso, nos falta valor..." Babasónicos "La puntita. Jueves 21 de abril de 2005.
La aventura comienza como a las 5:45 pm. Me atrevo a enfilarme por la calle "principal" de este remedo de ciudad para cumplir un encargo (como siempre).
Hay caos sobre la mencionada calle. Un camionero, de esos que intenta esconder su complejo de inferioridad refugiándose en el armatoste que tiene que manejar, me "avienta el camión". Me bajo. El coche está arrugado. Exigo que me pague. Como ocurre casi siempre que un hombre maneja, el honorable chofer se me pone flamenco. No quiere pagar bajo argumentos incoherentes. Llega mi salvador. El arreglo finaliza con una miserable tercera parte del dinero que pedía originalmente. Es tarde. A las 7 tenía que estar en el punto de reunión. Con todo el asunto llego hasta las 8. El auto, algo enojado como yo, penetra una pequeña, pequeñísima ciudad. Pasamos la zona nice (esa a do…
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Bésame
Seleccion de Zoe
Bésame
estaré aquí sólo un instante
Quiéreme
voy a quedarme sólo un momento
Camina
el instante conmigo
No hagas preguntas.
Tócame
que tú y yo tenemos pasajes de ida
lo que vemos
no estará mañana.
No voltees
o el instante se habrá ido.
Quiéreme
que me estoy yendo.

Casa de muñecas (cuento)

Soy Elisa, tengo una casa de muñecas. Tiene dos recámaras, un baño con tina, una salita que a veces no tengo tiempo de limpiar pero que aún así es acogedora, con un hermoso tapete de Santa Ana Chiahutempan y hasta un televisor. La cocina tiene los siguientes aditamentos: una bella estufa que me heredó mi madre, una mesa y tres sillitas para tres ositos, como en el cuento que le leía a Montse, que siempre me pedía que le espantara las pesadillas con una historia. Mi cuento es que me casé a los diecinueve y trabajo desde los veintiuno, Montse y Luisito crecieron casi solos. A veces mi mamá los cuidaba pero como vivíamos lejos, no siempre podía llevárselos. Cuando no podía contar ni con mi mamá ni con mi prima Cristina para que me los cuidara, los dejaba encerraditos en la casa de muñecas, que en ese entonces era una que rentábamos allá, en el centro, pero que servía para lo mismo. El chiste es que me casé y empezó el juego en mi hermosa casa de muñecas. Jugaba a que hacía la comidita, a…