Que no sepa volar

Compró documentales que hablaban de águilas y aprendió a volar, adquirió todos los recetarios de comida nacional e internacional y se volvió una experta cocinando, para sentirse más terrenal tomó clases de personalidad y le enseñaron a andar en tacones, cuando hubo terminado, él la miró y decidió darse la vuelta.


Lo peor de todo es que se fue con una reptiliana que compraba comida en fondas por 25 pesos y andaba siempre en chanclas.

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