Insensibilidad taurina (publicado el 16-11-11 en el cuarto de guerra)


Yo no siento placer al ver morir a un toro en una plaza, sin embargo, asisto a las corridas. Mi explicación será para muchos, superflua, sin embargo es tan válida para mí como lo son los argumentos de aquellas personas a quienes no les gusta este tipo de eventos y a quienes por supuesto, respeto, aunque para algunos, yo sea una insensible.
Para mí una corrida de toros no es el goce de ver correr la sangre. En mí se mueven otros pensamientos cuando asisto. Es la remembranza de nosotros cuatro, los miembros de mi familia, juntos. Es tomar de la mano a mi papá, oirlo gritar "Oleee", preguntarle cuándo y por qué se dice tal expresión y estar atenta
mientras explica. Es ir sobre sus hombros a pararnos a gayola, cerca del campanario del ex convento de San Francisco las ocasiones en que no era posible comprar el boleto. Es agitar pañuelos blancos a la par que él.
Esa es la explicación que le doy a los que me preguntan. Porque me conocen no tengo que agregar mis razones más profundas como que hoy es rara la vez en que salimos los cuatro juntos. Cada quien tiene ya sus compromisos.
Mi hermana y yo hemos crecido, no podemos ir más sobre los hombros de mi padre. Y por último, ahora él no puede gritar "Ole", su voz está disminuida debido a un cáncer de laringe pero gritar por él y tenerlo a mi lado agitando uno o dos pañuelos blancos, es un privilegio que moviliza en mí muchos sentimientos.

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