Tormenta

La noche se escurre y él se asoma solo, detrás de esa cortina
ve su par de manos, disfruta de sus ojos, muerde sus labios, 
tiene tanto y no mana.
Pidió que lloviera, que lloviera mucho pero no puso el balde.
El agua explota, el agua truena, se desperdicia.
Goterones amenazan con granizo y aquí 
la cortina de agua oculta su rostro. 
Quiere beber desde adentro, la lluvia es fresca, le han dicho, 
la lluvia canta al escurrir por el cuerpo. Pero él no juega afuera.
Se queja cuando llueve y reclama cuando no.
Las gotas lamen el cristal de la ventana
y él se da cuenta de que tiene un yoyo, un titére, un balón.
Podrían salir a jugar, pero el agua ahoga.
Y ella, la de la otra ventana, oculta tras la cortina
odia la sequía y el rostro empapado mientras desliza el índice 

siguiendo una gota. Tanta agua y no quiso sacar el balde.
Los dos añoran el sol, refugiados en la tormenta
sintiendo caer las gotas sobre sus cabezas.

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