Hojas de encino

La melancolía de tu saliva
Se instala en mi paladar
Tan sólo eso
La melancolía

La oscuridad de tus ojos no quiere brillarme
Tengo miedo a esos labios silenciosos
La luz de tus manos ilumina a lo lejos
No quiere tocarme

Corremos a través de una promesa infinita
Damos giros repetidos
Llegamos y nos vamos

Vacío
Mi curiosidad en tus manos
Que había olvidado
Y ahora avivan el incendio
Otrora extinto

Revuelvo
Las hojas de encino
Que cubren tu recuerdo
Y observo
Que no sirvieron de mucho
Sólo lo ocultaron levemente

Comentarios

Entradas más populares de este blog

El retrato de Zoe y otras mentiras, de Salvador Elizondo

Animales hasta en la sopa

Decisión