Reloj

El hombre de la una de la mañana no se levantó temprano. Dejó pasar al chico de las ocho.
Todos comen ratas, cucarachas, se lanzan en espiral a saciarse con lo que haya. Relaciones de intereses detrás del humo. La única razón por la que los que están juntos siguen juntos. 
Lo dice limpia, la burbuja de cristal. Él necesita al padre que ella sí tuvo. Ella puede ser su padre, no el que nunca dijo: eres hermoso. Vacíos, faltas, contrastes. Ella puede ser la madre que le ordene cómo tienen que ser las cosas. El chico de la una de la mañana, con los ojos cerrados pone un bocado de alimañas en su boca, mordiendo alguna quizá obtenga el néctar preciso.
El chico de las ocho ya probó lo que quiso. Sus genes son tan buenos que hay que meterlos en un estuche y hundirlos tres metros debajo del lodo. Una noche de alimañas le bastó para salir corriendo. El joven de las ocho ya se fue y viene de regreso.
El niño de la una tiene a su padre y a su madre metidos en el cuerpo de un deforme, juega a que es feliz y come donde le dan banquete. Sabe que está despierto pero finge que duerme. La ilusión es más bella porque parece sueño. El chico de la una de la mañana debe despertar. Pero se niega.

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