Después de los altibajos

A pesar de que siento que este año fue como subir una pendiente pronunciada, lo empecé bien. Deseaba una beca que sí obtuve (gracias Bky y maestro Orlando por el apoyo) y de la cual surgió un proyecto que espero que pronto se vuelva más grande. En el segundo mes del año disfruté mucho la playa, el placer de las olas acariciantes y la sensación de que eso es lo único que importa.
Sin embargo, siguiendo con la pendiente pronunciada, en marzo se murió mi amigo Paul, el novio de la prepa, el ideal. Bueno, al menos logró lo que quería desde hacía tanto tiempo. Y yo, yo lamenté las llamadas que no contesté y los pasos que no di. Millares de lágrimas en el concierto de Santana. Sólo espero que Paul me haya perdonado.
Traté de dejar atrás una etapa, de hacer las pases, pero me faltó. De hecho, ni siquiera terminé de firmar la tregua con tantos lugares a los que debí haber ido a cerrar círculos. Sólo lo logré con Pahuatlán, Costa Esmeralda y Tecolutla. Bueno, al menos intenté avanzar aunque la cuesta es muy empinada. Hace falta hacer de lado el resentimiento, los rencores y las promesas que no se materializaron y además espantar a los zopilotes que quisieron disfrazarse de águilas incandescentes. La piedra de toque para dejar atrás mis constantes viajes al pasado fue que en julio choqué. Si algo malo tenía que pasar para que reaccionara y me quitara telarañas mentales, fue tal, a eso debo quizá mi estancia en el diplomado de creación literaria. Dice G. que lo fatídico no fue el daño material o en mi persona, sino que más bien yo relacioné el hecho con mi estado anímico y con la etapa a la que ya dije tanto intentaba ponerle candado. Estuve custodiada en el hospital dos días, de ahí lo único formidable fue el diazepamazo. Aún hay ocasiones en que me duele el cuello. El corazón un poco, metafóricamente.
Todavía lloro en ocasiones sin saber por qué y trato de llenar este vacío con escombros, no funciona muy bien pero voy aprendiendo.
Por otra parte, dos o tres personas del pasado regresaron. Todavía no descubro para qué, espero que sea para algo bueno y que yo en vez de retrasar el fluír de las circunstancias, deje que corran a su ritmo.
La verdad me sentí muy bien de ver a mi hermana feliz y entusiasmada con su boda. En estos tiempos en que ya nadie quiere comprometerse, ella logró armar una familia. En noviembre a regañadientes nació mi sobrina. Tenía frío, por eso se negaba a salir, igual que mi segundo libro del que en este último mes me dieron noticias.

Un terreno escarpado. Grandes pendientes, remansos y bajadas sutiles, eso tuvo este año. Que el próximo materialice todo lo que quiero. Un excelente año Bky, Orlando, zoogenitas, etc. etc.

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