Fase clamato

Como dice Alberto Chimal en su cuento Los personajes, los escritores pasan por diversas etapas temáticas en su labor literaria. Tienen su periodo de cantinas y entonces escriben sobre estos lugares, o su fase policiaca y hacen cuentos policiacos, igual pasa si atraviesan por su etapa de textos de horror. De la misma manera, creo tener mis periodos o fases en cuanto a tragos preferidos. Me gusta mucho el vino tinto en mi fase festiva: una cena de cumpleaños con amigos va bien con los pasos suaves y elegantes de un Gato Negro chileno que se frota contra el cerebro y ronronea bienestar al oído; para festejar que se ha ganado una beca para escribir, un Casillero del Diablo sienta de maravilla; para estar al lado de algún alocado compañero de andanzas agridulce y acariciable nada mejor que un Marqués de Cáceres con todo y velas en la escenografía y para un libro publicado (quizá pronto), un buen beajulais. El vino, en esas ocasiones, me recuerda que estoy viva, que puedo alcanzar lo que deseo y que hay gente que me quiere, a la que le agrada estar a mi lado.
Ahora bien, para el periodo fin de semana en compañía de amigos y conocidos en algún lugar ruidoso o simplemente en casa de alguien, el whisky de Juanito Caminante con casaca roja y acompañado de un poco de agua mineral y un par de hielos, aunque también lo he disfrutado estando sola y jodidamente triste en un lugar apartado, entonces, recomiendo ampliamente el Chivas Reagal en las rocas para despejar la mente.
Pero como no quiero sonar pretensiosa y no soy conocedora, llego a la conclusión de que hoy por hoy ando en mi fase clamato. En este justo momento de mi vida no gozo más de otro trago que de una buena chela oscura de manufactura mexicana servida con chile piquín y clamato, sobre todo en días calurosos y para sacarme un poco la tensión. Será que la cerveza con clamato me trae a la mente Mazunte, quizá Acapulco, la playa, la compañía de alguien con buena vibra, el no pensar en nada más que en la tranquilidad del mar.
Ah, qué refrescante para la existencia es la michelada con clamato, la compañía de alguien bienvibroso, el mar.

Comentarios

Alberto dijo…
Qué buena está esta nota. Uno que es villamelón del trago se puede ilustrar... :) Y está el orgullito de que haya salido de aquel cuento. Gracias.

Saludos y suerte.
Z. Romero dijo…
Hola Alberto, gracias por venir a leer ésta humilde nota. Un abrazo fuerte.