Soy Elisa, tengo una casa de muñecas. Tiene dos recámaras, un baño con tina, una salita que a veces no tengo tiempo de limpiar pero que aún así es acogedora, con un hermoso tapete de Santa Ana Chiahutempan y hasta un televisor. La cocina tiene los siguientes aditamentos: una bella estufa que me heredó mi madre, una mesa y tres sillitas para tres ositos, como en el cuento que le leía a Montse, que siempre me pedía que le espantara las pesadillas con una historia. Mi cuento es que me casé a los diecinueve y trabajo desde los veintiuno, Montse y Luisito crecieron casi solos. A veces mi mamá los cuidaba pero como vivíamos lejos, no siempre podía llevárselos. Cuando no podía contar ni con mi mamá ni con mi prima Cristina para que me los cuidara, los dejaba encerraditos en la casa de muñecas, que en ese entonces era una que rentábamos allá, en el centro, pero que servía para lo mismo. El chiste es que me casé y empezó el juego en mi hermosa casa de muñecas. Jugaba a que hacía la comidita, a ...