Con el Golfo de frente

En el Carmen se decidió: iríamos al mar. ¡Y mira que Cuetzalan es bello! Pero queríamos amanecer con calor tropical porque como escribió Miguel Hernández: Sangre que no se desborda, juventud que no se atreve, ni es sangre, ni es juventud.
Y lo hicimos. Pasamos por Xalapa, fuimos al Lencero de improviso pues no sabíamos ni a qué hora cerraban y valió la pena, el lugar es muy agradable, sobre todo los jardines por donde se paseó Santa Anna.
Pese a los detalles, como alguno que otro camionero cabrón, llegamos con bien. Disfruté la ciudad, a la que me falta conocer más, tuve que ir a buscar un traje de baño porque obvio, no iba ad hoc para nadar, comí camarones, me sentí fabulosamente con la compañía, pero sobre todo, disfruté el mar. Necesitaba el mar de frente, las gaviotas, nada más.

Comentarios

Mosca dijo…
Llévame en un viaje por tu cornea,
salada arritmia visual.











Mosca
Z. dijo…
Saludos, Jesús.

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