Pruebas

En ese instante no hubo fotos, risas galopantes,
llanto de torrente rojo estrellado contra la puerta,
ni abrazos vulgares que durán milésimas exageradas.
Tuve que tomar lo que teníamos,
reconstruír lo que hoy miras
y nos violenta.
No es precisamente el hechizo inexistente,
más bien son los fragmentos de hastío escarlata,
las risas porque sí, las culpas,
los pesares tuyos que me adjudicaste,
la búsqueda de algo que pensamos que teníamos
y que supiste, que supe, que supimos
que aquí no se encontraba.
No hay pruebas de ese momento,
lo fabricamos con suspiros mientras veíamos hacia otro lado.
Por eso nos ahoga traerlo a cuento, porque sabemos su origen
y asfixia el odio resguardado tantos años,
las ganas de rompernos la nariz infinitas veces contra el desdén
como lección que no ha quedado clara,
los abrazos insignificantes después de bostezarnos con risas retorcidas,
rivalidades estúpidas porque tú eras yo y yo era tuya y tú, mío,
resentimientos añejos que pensé, pensaste, pensamos que se habían curado
y se extendieron rápido como infección cutánea.
No hubo fotografías de ese instante, ni siquiera magia,
por eso estas palabras, únicas sobrevivientes:
escupidas, revolcadas, pisoteadas.

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