Estar ahí

Sabían que tendrían que partir temprano, allá los esperaba otra cosa, una salida, algo más que por supuesto no conocían y quizá no tendrían mucho tiempo. Acordaron partir a las ocho, ella llegó siete treinta.
Arribaron a la central de autobúses, buscaron una línea que los condujera, la más barata estaba a punto de salir, en esa se fueron. El autobús era incómodo y no tenía clima, pero no importó, era urgente llegar. Ya en la ciudad pensarían qué hacer, pues no encontraron una corrida directa a su destino. Por fin allá verificaron las salidas, solamente había una a media noche y en la línea más cara, no importaba, tenían el tiempo encima para estar allá y siete horas de recorrido, así que compraron los boletos, fueron a cenar y esperaron a que dieran las doce. El trayecto fue bastante tranquilo, leyeron un rato, comentaron algunas impresiones de sus mutuas lecturas, durmieron. Les amaneció en Huatulco. Tenían que apurarse, pararon un camión que los llevara a Pochutla. Llegaron ahí, preguntaron y caminaron hasta la parada, ahí se quedaron, la espera habrá sido de veinte minutos, pero les pareció más larga, ahí los dos, en medio de la calle, cansados, transpirando ya la desesperación.
Ansiaban estar allá, descubrir lo nuevo, escapar del todo. Por fin se subieron al transporte, una combi. El chofer metió un disco en el estéreo, empezó a sonar una banda duranguense. La segunda canción decía: sé que piensas marcharte ya lo sé y no te detendré, haz lo que tú quieras... Ella reconoció la canción y la fue cantando. Él sólo la observó. No se dieron cuenta en qué momento cambió la música y arribaron a su destino, una, dos, tres cuadras. Bajaron rápido del vehículo, tenían prisa por llegar. Sobre esa calle había varias opciones de hospedaje, las recorrieron velozmente y escogieron la más barata, dejaron sus cosas en el cuarto y bajaron casi corriendo a la playa. Las olas eran grandes, ellos corrieron y se sentaron en la arena, a mano derecha había una punta. De repente se les fueron las palabras, el tiempo, que los venía persiguiendo, se detuvo un momento. Habían tenido tanta prisa por huir, por encontrar algo, por descubir lo nuevo y, sentados ahí, en silencio, supieron que esa búsqueda apenas había iniciado y que la huída estaba pendiente.
 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

El retrato de Zoe y otras mentiras, de Salvador Elizondo

Animales hasta en la sopa